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Vicentico presenta “Cuando salga”, su nueva canción: “Vivimos atrapados por las ideas y los pensamientos”

(Infobae)

Una guitarra al frente, con ecos de psicodelia acústica, modifica a la atmósfera inquietante y alienante que sugieren tanto los efectos del teclado como un silencio omnipresente, que cada tanto se deja romper. Entonces llega la voz, esa voz, un lamento blureado por una lluvia ácida, que primero anhela libertad (“Caminar bajo el sol, es lo único que quiero. Y salir de prisión, escaparme de este encierro”) y después apunta: “Ojalá te encuentre cuando salga, en la soledad de la mañana, sé que pronto va a llegar…”.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, porque Vicentico escribió, compuso y grabó esta canción, titulada “Cuando salga”, en Nueva York, a mediados de 2019. ¿Entiende a los que no le creen que no la escribió durante la cuarentena? “Es extraño… pero bueno, es así (se ríe)”, le dice a Infobae a través de una videollamada.

“La canción no habla de salir de un lugar físico o de encierro físico, digamos. Es sobre salir del encierro mental y de un encuentro con alguna clase de sabiduría o algo de verdad. Como si esa verdad fuera una luz de la mañana. Es algo que pensé en ese momento, no tiene que ver exactamente con lo que ahora decimos que es encierro”, completa el concepto.

Al igual que “FREAK” y “No tengo”, sus lanzamientos anteriores, “Cuando salga” también es parte de un álbum que ya “lo tengo re terminado. Estoy muy contento con el disco, pero me parece raro sacarlo y no poder tocarlo. Antes de la pandemia, tenía la idea de hacer escuchas del disco arriba de un auto. Siempre escucho las mezclas en mi auto, que es en donde más claro tengo el audio. Pensaba que era buena la de salir a dar una vuelta con alguien que quisiera escucharlo… pero bueno, por ahora no se puede”, cuenta.

-El texto de tu nueva canción ansía libertad y también tenés otro tema que se llama “La libertad”. Entonces, ¿qué es la libertad para Vicentico?

-Ohh… ¡qué pregunta complicada! Me interesa poder pensarlo, eh… En principio, para mí, es hacer lo que uno quiere sin ninguna atadura mental. Creo que es eso: estar libre de ataduras, estar libre de la mente, que el cuerpo sea libre, que sea libre de los deseos y que la conciencia propia también sea libre. Estar junto con uno y que el espíritu de uno esté junto con su cuerpo y con todo. Eso sería, para mí, un modo de libertad total. En general, yo siento que muchas veces vivimos atrapados por las ideas y los pensamientos. Y eso no nos deja movernos y no le damos mucha importancia a todo lo que el cuerpo puede vivir solo, sin que uno lo piense.

-¿Cómo manejás tu libertad como creador a la hora de pensar cosas nuevas?

-Esa es la parte chiquita de la libertad, la parte más fácil, creo. Decir qué hace uno con la música que hace, con la película que quiere filmar o con el trabajo que quiere tener. Yo simplemente hago lo que me parece que está bueno. Y tampoco sé si es del todo genial tener mucha libertad para hacer cosas: por ejemplo, al escribir canciones, para mí, lo mejor es tener unos límites en donde moverme y a partir de ahí, tratar de inventar… Por lo menos para la canción pop, que hay que tratar de transmitir algo en 3 minutos, 4 minutos. Es como un tuit, ¿viste? (se ríe). Me gusta esa idea. Obviamente, también hay otras músicas que no tienen ningún tipo de límite y son alucinantes. Pero bueno, yo soy un artista pop. Hago canciones.

-¿Y cuándo sos intérprete cómo es?

-Cuando yo canto canciones de otras personas, que son palabras de otros, ahí más que pensar en si uno es libre o no, se trata de pensar en qué cosa uno quiere transmitir, qué cosa uno quiere contar o de qué modo uno quiere intentar conmover a la otra persona y empatizar con el otro. O sentir que al otro le está pasando lo mismo. Es más como reconocerse, definirse con el otro. Lo lindo de hacer canciones y de tocar en vivo es que hay un momento en que estás sintiendo lo que está sintiendo el otro, por la razón que sea. Entonces ahí te sentís parte de algo, te sentís otro humano más. Aunque también estamos todos solos por cada lado, pero ahí es donde nos juntamos en algo.

-Bueno, eso ya no existe como lo conocíamos, ahora las emociones las transmite una pantalla.

-Es un poco triste, pero me gusta esa tristeza de estar comunicados por máquinas… es el futuro que llegó y se quedó (se ríe). Y tiene una especie de dificultad comunicarnos, pero sí me doy cuenta de que, a través de máquinas y de computadoras y de cámaras y todo, ahí en el fondo hay unos humanos que igual tratan de seguir peleando la idea de que nos comuniquemos de algún modo, que sigamos escuchando música. Y eso me parece atractivo. Somos una clase de robots buenos tratando de hacer cosas para estar juntos. Me entusiasma la idea de tocar y lo disfruto bastante.

-Hace poco tocaste en el Cosquín Rock y vas a tocar en el Movistar Arena sin público. ¿Cómo te llevás con esa “nueva normalidad”?

-Me parece re interesante ver qué pasa. Todavía no lo tengo claro. Por ejemplo, lo del Cosquín estuvo bueno, pero no pensé antes la forma de armar el escenario: no hay que tocar como si uno estuviera haciendo un recital en vivo, no hay que emular un recital; hay que hacer un streaming, que se parece más a un show de tele. Pero me dí cuenta después. Por ahí en el Movistar lo armamos de otro modo. Es mejor si nos estamos mirando entre nosotros y no todos mirando hacia un público que no está, o hacia una cámara.

-El protagonista de tu nuevo videoclip aparece con una bolsa de papel en la cabeza, como al margen de todo. ¿Cómo te sentís vos con el aislamiento?

-Hay algo bueno en todo lo que nos está pasando que es eso, aislarnos un poco. No para alienarse en la soledad sino para encontrarse con las cosas, con uno. En estos seis meses, nunca habíamos cenado tantas veces seguidas con los chicos. Somos una familia, hace mil años que estamos juntos, pero esa parte está buena. Y también está bueno que estamos obligados a estar atentos con el otro. Por lo menos yo lo veo así, ¿no? Creo que cuidarse es, simplemente, una cuestión de atención y de concentración, no de chifladura. Aunque yo veo gente que está chiflada. Me cuesta entender cuál es la desesperación por sentarse en un bar a tomar algo. Trato de entender que, bueno, no sé, su vida se le juega mucho en tomarse una birra, sentado en un bar, hablando a los gritos. En cambio, también veo a otra gente que está mucho más cuidadosa. Algunos nos hablamos un poco mejor… Bueno, últimamente se puso más picante todo, pero hubo un momento al principio de la cuarentena donde todos estábamos cuidadosos con el otro, manejabamos más despacio, había menos accidentes… Ahora se picó un toque todo.

-¿Cómo logran con Valeria (Bertuccelli, su pareja) y sus hijos (Florián y Vicente) un equilibrio familiar después de tanto tiempo juntos?

-Nosotros siempre estamos mucho juntos, porque viajamos juntos y nos dedicamos a lo mismo. Tenemos mucha conexión y tenemos una vida bastante copada. Ahora, los momentos están más valorizados: cenar muchas noches seguidas o almorzar juntos todos los días. Está bueno eso, como tener charlas, decirnos cosas, pensar, amigarnos mucho. Es como es y vamos cómo vamos. Nos tenemos mucha confianza, el uno con el otro. Acá nos queremos, nos cuidamos entre nosotros. Punto, no hay mucho más que eso.

A 30 años de un disco clave para Los Fabulosos Cadillacs

El 21 de septiembre de 1990 se editó “Volumen 5”, que aunque cuenta con el hit “Demasiado presión”, es un álbum “tapado” en la cosecha de Los Fabulosos Cadillacs. Del punk rock a los coqueteos con la salsa y el dancehall, pasando por experimentos new wave y hip-hop, el trabajo denota el desparpajo ecléctico que signó aquellos años de LFC, quienes ya estaban lanzados a la conquista del ritmo mundial y no pensaban tanto en morir tocando ska.

“Me acuerdo perfecto de la grabación y todo. Era un lindo momento ese, aunque podríamos habernos separado después de ese disco, porque no pasaba nada. Pero de repente, en vez de separarnos, nos fuimos de viaje a Estados Unidos, a girar y tocar en lugares para 20 personas y grabamos “El león”. Ahí, todo lo que veníamos haciendo, que era re ecléctico, empezó a juntarse de algún modo. Y se abrieron las puertas de América”, resume Vicentico.

-En los Cadillacs convivieron y conviven personalidades y bagajes musicales muy distintos entre sí. ¿Cómo los explicarías?

-Somos amigos desde muy chicos y siempre nos atrajo mucho cierta clase de música popular. Y siempre tuvimos muy clara cierta estética de la intuición y de seguirla como si fueran mandamientos perfectos… intuiciones ridículas, ¿no? Muchas veces pensamos en hacer el “Fabulosos Cadillacs Fest” -por ponerle un nombre pelotudo-, donde cerraramos nosotros pero antes tocaran todas las bandas que somos los Cadillacs: Mimi Maura, Sr Flavio, la banda de Florián, Pez, Hugo Lobo, Dancing Mood, Día D, Cienfuegos, las bandas de Astor Cianciarulo… Hay un montón de música ahí que confluye en Los Fabulosos Cadillacs, claramente. Ahí hay un montón de definiciones con respecto a cómo vemos la música y qué queremos de la música.

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