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Natalia Marcet: arte desde “La Boca” profunda

A través de “Les Ministriles”, y con un proyecto performatico musical gastronómico llamado “La flor del amor”, la dolorense Natalia Marcet redescubre su esencia musical y la incorpora a su trabajo junto a tres compañeras en escena.

En esta charla, Natalia Marcet nos cuenta sensaciones, búsquedas y encuentros que desembocaron en varios proyectos, comenzando por contar que la pandemia la había tomado en “un momento muy particular, difícil de mi vida. Llegó cuatro meses después de que mi mama partiera y me encontró en Buenos Aires donde vivo con mi pareja y donde solo tengo un hermano, más chico, porque otro hermano con su familia está en Cipoletti, y otro en Mar del Plata lo mismo que mi papá. En esta situación de duelo comencé la pandemia, y fue para mí una crisis que me detuvo, y que como en todo momento de crisis hace que una se meta hacia adentro como pueda, e intente revisar caminos y encontrar otros”.

 

  • ¿Qué es “La flor del amor”?

“La flor del amor”, de “Les Ministriles”, es un proyecto performatico musical gastronómico que realizamos en un espacio cerrado, pero puede hacerse en un parque. Si en Dolores nos invitan para ir a un parque, charlamos con quien nos quiera producir. Nos encantaría, a mí me encanta ir a hacer cosas allá, siempre la he pasado bien. Si están dadas las condiciones, en un parque se podría hacer tranquilamente.

 

  • ¿Quiénes integran el elenco?

Somos cuatro personajes. La Calandria, una tabernera del 1800 y de todos los tiempos que canta, toca el piano y el acordeón. Luchano, un cocinero barítono, tocador de olla. Un músico llamado Axel, anarquista del año 20. Y Petra, la DJ, que es una tabernera de 1800 pero realizadora visual y plástica. Los cuatro toman un lugar y vienen a recuperar ciertas canciones y situaciones a través de la música y las imágenes, que intentan sacudirnos viejas estructuras y mandatos patriarcales.

 

  • También forman parte de un colectivo de vecinos que revaloriza la obra de un escultor ¿de quién se trata?

Un grupo de vecinos de La Boca nos juntamos para poner en valor y que se declaren patrimonio histórico las realizaciones de Vicente Walter, un albañil y escultor que intervino todas las bellezas que se ven en las paredes de La Boca, los sobre relieves, murales. Hicimos una intervención performatica, con un personaje llamado Pascualine, un italiano del sur que cantando canciones iba guiando a la gente haciendo una especie de visita guiada por las obras de Vicente Walter.

 

  • ¿Cómo transitó en lo personal el aislamiento por la pandemia?

Soy hiperactiva, hiperproductiva. Me detuvo y me llevo a un tiempo maravilloso de lentitud, donde la dificultad de no poder salir, no poder estar contacto con los demás, ni de encontrarme y abrazarme con mis seres queridos, hizo que necesariamente tramitara otros caminos. En lo laboral, de ejercer como educadora de un programa socioeducativo del Gobierno de la Ciudad, con ocho horas de trabajo cada día en escuelas de comunidades vulnerables; pase a estar atiborrada de zooms y actividades virtuales, pero desde mi casa.

 

  • ¿Estar en su casa la ayudó o lo padeció?

La vida doméstica me gusta, porque me hace encontrar conmigo misma en el silencio del entorno. Esto hizo que me conectara bastante bien con mis emociones, sensaciones, y poder empezar a transitar distintas alternativas para reacomodarme a este mundo nuevo, a esta situación desconocida que a todos nos impactó, y para la que nadie estaba preparado. Cuando se abrió la lista de voluntariado en el Gobierno de la Ciudad para entregar bolsones de comida fui como voluntaria, antes de que nos transformaran en agentes esenciales. Reconvertí mi tarea de educadora a través de la grabación de cuentos para todos los niveles educativos, que iban dentro de los cuadernillos virtuales los niños recibían para entregar sus actividades.

 

  • ¿Encontró cosas interesantes?

Si, esta reconversión me ayudó a reconectar con algunas capacidades que tenía olvidadas, algunos dones innatos como la lectura a primera vista, la comprensión inmediata y la lectura en voz alta, cosa que herede de mi mamá. Esta detención me dio más tiempo, al no tener que trasladarme – trabajo en escuelas cercanas a mi domicilio, y otras que están muy alejadas – y representó tiempo de ganancia y productividad interna. Y de jerarquización de prioridades vitales.

 

  • ¿Se adaptó a la virtualidad?

La virtualidad es el medio que pudimos tener para no perder el contacto. Como educadora, me costó mucho adecuarme al mundo virtual, a comunicarme por zoom, a ingeniarme para desarrollar estrategias y comunicarme con las alumnas a través del zoom dando teatro, que implica cuerpo presente. Doy teatro y LENO (lectura, escritura, narrativa y oralidad), y tuve que desplegar estrategias lúdicas u holísticas para llegar a los niños. Por un lado tuve que actualizarme y capacitarme en el trabajo con aplicaciones, lo cual me vino muy bien para generar actividades y contenidos. Me cuesta empezar a hablar y contar. Durante la pandemia se profundizó un proceso personal, relacionado con recuperar mi saber con la música, que en la adolescencia fue mi voz. Yo tocaba piano pero nadie lo sabía, porque no lo hacía público. Toco el piano y el acordeón, y lo hacía como un refugio. Tener los dos pianos conmigo durante la pandemia, mi acordeón, me llevaron a retomar ese espacio de encuentro con el alma, con la música, componer un montón, retomar viejas partituras. Y de ahí surgieron proyectos personales.

 

  • ¿Cómo hicieron con la actividad teatral?

En cuanto a la actuación no pudimos hacer nada. Con compañeras del “Magdalena Segunda Generación” intentamos hacer una versión de “Viajeras” por zoom, pero fue un despropósito, no pudimos hacerlo. Intente hacer “Gordas” por zoom, pero coincidimos con el productor en que semejante producción y montaje, para lo que se pudiera recaudar virtualmente era una inversión que no saldría bien. Teniendo muchas ganas de actuar salí por Instagram haciendo relatos eróticos desde un espacio cultural en La Boca.

 

  • ¿Continuó con el entrenamiento?

Tuve una gran disciplina haciendo yoga y chi kung varias veces a la semana, que era lo que me ayudaba a estar más en eje y me traía a tierra. Una de las chicas del “Magdalena…” consiguió un lugar para actuar: un sacerdote amigo nos ofrece la entrada de su iglesia, un gran patio al aire libre. Surgió “Alimentando la espera”, proyecto de intervención performatico musical que realizamos entre doce personas. Fuimos tres veces a esta iglesia de San Pedro Telmo, y a algunos centros de rehabilitación para personas adictas judicializadas. Sumé lo musical. Un día un multiinstrumentista amigo de mi pareja se sumó, puso la semilla fundacional y armamos “Las ministriles”, una especie de trovadores de todos los tiempos, urbanos, que se han juntado en pandemia para sobrevivir a través de la música y la performance. Coincidió con el inicio de la apertura de los espacios para poder hacer performances.

 

_– ¿Cómo fue creándose el espectáculo, de donde viene el título “La flor del amor”?

El primer día que tocamos en vivo, no habíamos ensayado formalmente nunca. Terminamos haciendo una función, decidimos darle forma y continuar. Y hoy ese proyecto es troncal en mi vida. Está integrado por Oscar Alberto Rodríguez en voz y performance gastronómica, Mae Capurro, DJ y diseñadora de arte, Axel Mastronardi, músico y productor musical, yo que hago voz, acordeón, piano y dirección general, dramaturgia y puesta en escena. Y surgió esta performance musical/gastronómica llamada “La flor del amor”. El nombre vino de un sueño que tuve, donde nos vi en una isla con forma de riñón, delimitada por un cordón umbilical, donde navegábamos. Creo que el título es de lo más acertado, ya que el amor floreció en un proyecto performatico, musical y gastronómico, donde trabajamos con canciones feministas y libertarias, y algunas compuestas por mí, hechas en relación a algunas mujeres en distintos momentos de distintas épocas.

 

  • ¿La apertura gradual de lugares los favorece?

En cuanto a la apertura paulatina de lugares lo siento algo contradictorio. Abrimos el espacio del que estoy a cargo, el “Bar Portuario”, en Pinzón y Cabotto, en La Boca, un bodegón histórico de 1900. Abrimos con todas las precauciones y temores del caso. Cómo hacer para que se cumplan los protocolos pero que no sean el eje en el momento de la performance. Y como abrirnos a compartir cuando mantenernos distanciados hoy es un verdadero acto de amor, de cuidado hacia una misma y hacia el otro. Venimos haciendo funciones una vez por mes, y cada vez que hacemos función, la cantidad de gente que podemos tener viene, dejamos de convocar cuando vemos que tenemos una cantidad que puede llegar a desbordarnos. Si convocáramos más gente, la gente está con muchas ganas de compartir momentos de alegría y entretenimiento.

 

  • ¿Qué proyectos tiene para este año?

En primera instancia poder encontrarme más seguido con la gente que amo. Seguir desarrollando a “Les Ministriles” y “La flor del amor”. Ensayamos casi todos los días, tenemos la suerte de ser vecinos. El día 27 a las 21 hs. en “Bar Portuario” haremos una nueva función de esta performance musical gastronómica llamada “La flor del amor”, y vamos a grabar un video. Las reservas se hacen a mi teléfono o al del bar (011 – 4300 5050). Tenemos un cupo de 20 personas.

  • ¿Algunos adelantos?

“Les Ministriles” tendrá su versión infantil, ya hay canciones compuestas para eso. Y otro proyecto, dentro de las posibilidades que nos de la situación sanitaria, es seguir desarrollando las actividades culturales aquí en el bodegón histórico. Queremos dictar talleres, armar una especie de escuela de teatro familiar musical. Seguimos trabajando con las chicas del “Magdalena…”, la pandemia nos afectó, suspendimos un festival y una gira, pero es probable que en noviembre de este año hagamos un festival en la Capital llamado “Mujer, teatro, sanación”. Si las condiciones están dadas vendrán Ana Correa de Perú y Lucia Sanders de Brasil. Estamos atentas, dado el caso, de poder realizar una edición virtual de ese festival. Pablo Rojas, también dolorense que reside y trabaja en Capital, me convocó como actriz para un proyecto teatral, y dije que si, por supuesto, pero todo está en veremos por la situación sanitaria.

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