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Los Miedos

Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano.

 

El miedo es una sensación de inquietud y ansiedad y a la vez en algunos casos de congoja ante un peligro real o hipotético.

Puede producir como efectos el paralizar a la persona que lo sufre, es decir que no atina a hacer nada, como también, en sentido contrario, precipitarla a hacer algo que no debe de manera inconsciente e irreflexiva.

Es natural que una persona tenga miedos, a veces justificados y en otros casos no. En el primero cuando el peligro o riesgo es real y en el segundo cuando imagina un peligro que no es probable que suceda.

De allí el título ”los miedos”, porque los hay muchos y variados, según la situación o cosa respecto a la cual se lo tenga, por lo que los miedos se hallan estrechamente vinculados a las fobias, por ejemplos agorafobia (miedo a los espacios abiertos), claustrofobia (miedo a los lugares cerrados), nosofobia (miedo a enfermarse), zoofobia(miedo a los animales),etc.

No obstante de que el miedo es natural y común en todo ser humano, se lo suele asociar con el ser débil y cobarde, confundiéndose dicha calificación en muchos casos con ser prevenido y diligente en el cuidado de uno mismo y de sus bienes.

Una cosa es el miedo injustificado respecto a un peligro o riesgo que no es tal; el que se tiene por ser tímido o corto de carácter; el que se convierte en pánico por maximizar riesgos que no revisten tanta gravedad, o las aprensiones a situaciones hipotéticamente funestas que llevan a la inhibición de intentar una acción ante la suposición de que ellas ocurran, el ejemplo más típico en este último sentido es el miedo al fracaso.

El miedo a enfermarse lleva implícito otro gran miedo que es el de la muerte. O sea que un miedo puede ser causa de otro miedo. Por lo que se tiene miedo no sólo por las consecuencias sino también por las causas que la pueden generar.

Además, el miedo puede ser la consecuencia de experiencias negativas, por ejemplo frustraciones, desilusiones, enfermedades y accidentes graves, etc.

Se puede decir que existen tantos miedos como aprensiones o sospechas de correr un riesgo hay.

El miedo puede ser personal o colectivo. El primero lo debe superar quien lo padece, a veces con ayuda psicoterapéutica. En el segundo mucho tiene que ver el Estado y los medios de comunicación social y masivos.

El pánico colectivo puede producirse por crisis económicas y financieras que afectan a la mayoría de la población tanto en el ámbito de un país como a nivel internacional y mundial, al igual que las epidemias, pandemias, etc.

En el caso de una epidemia declarada pandemia, como es la del coronavirus que hoy nos acecha y que se contagia a través del contacto físico con el enfermo o sospechoso de estarlo, produce un miedo colectivo que llamaría ”individualista y disociador”, pues tiende al aislamiento individual y a tomar distancia en cuanto a las relaciones interpersonales como sociales. De allí, que como lo señalé anteriormente, el rol del Estado y de los medios de información y comunicación es decisiva a la hora de tomar medidas, recomendar y prevenir como también de informar la verdad y no incurrir en tergiversaciones.

Es lógico que la gente tenga miedo, porque en ese caso el miedo infunde el tomar conciencia de la gravedad de los hechos y a ser responsable de seguir al pie de la letra todas las recomendaciones y prevenciones que emanan de los organismos estatales competentes.

El efecto individualista y disociador es forzado ante la circunstancia, pues está en peligro no solo la salud sino la vida de las personas, por la que cada una cuidará de la suya y la de sus seres queridos, aún a costa de tener que denunciar a familiares que no cumplen con las medidas de aislamiento dispuestas y recomendadas para evitar la propagación de la enfermedad.

Por eso la consigna de “cuidándose cada uno está cuidando al otro”. En tal caso, al Estado le corresponde como mínimo combatir dos frentes, pero uno de ellos la propagación de la pandemia y por el otro hacer que la gente sea responsable sin tener miedo o entrar en pánico.

Esta última es la más difícil, pues depende de la conciencia de cada uno. En tal sentido es lógico tener miedo pero sin entrar en pánico. Lo ilógico e irracional es demostrar no tener miedo incumpliendo y trasgrediendo las medidas de prevención dispuestas a nivel oficial.

En el caso, el tener miedo no es de cobarde sino una actitud de evitación, y el no tener miedo no es de valiente sino una actitud de negación.

El miedo no es buen consejero, pero en esta clase de situaciones puede serlo, aunque también resulta una verdad que en algunas personas el miedo convertido en pánico enferma más que la epidemia, porque además de debilitar el cuerpo estresa y deprime el ánimo.

Todo brote epidémico es en sí mismo malo, pero después que cesa de enfermarnos puede dejar como saldo positivo el habernos enseñado a cambiar de hábitos.

Como última reflexión: “El ser humano al tener miedos reconoce que es vulnerable y por más terrenal poder que tenga está sujeto a la voluntad del Supremo, cuyo mensaje en la emergencia que estamos viviendo me hace pensar que es “en orden de prioridades la vida y la salud son las primeras y ninguno puede comprarlas ni estar exento de perderlas”.

Cuidarse a través de la prevención y a Dios pedir ayuda por medio de la oración son maneras de vencer al pánico

Diario de Dolores – Compromiso

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