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Hace 200 años nacía la primera maestra que tuvo Dolores

En la década del 80 escuchábamos al Prof. José Fernando Selva cuando fundamentaba el por qué la Escuela Especial 501 debía llevar el nombre de Manuela Butiérrez de Urdanvideluz, la primera maestra que tuvo Dolores.

Quizás el haber participado del acto de inauguración del establecimiento y el énfasis que puso José Fernando Selva en su nominación, están aún presentes en mí. Y ahora, a 200 años del nacimiento de la educadora me motivan recordar a la “primer maestra que tuvo Dolores”.

Y para ello recurro a una entrevista que le realizara don Ramón Melgar (primer Rector del Colegio Nacional) a doña Manuela Butiérrez de Urdanvideluz y que fuera publicada en el diario El Nacional” el 25 de enero mayo de 1918, diez años después de ocurrido su fallecimiento.

En la entrevista la describía como “una noble anciana, de aspecto simpático y de agradables maneras, cuyo espíritu selecto se conservaba lúcido a pesar de los muchos años que había vivido”, señalando Melgar que la ciudad de Dolores, “a la que vio crecer desde que tenía sólo ocho años de (su re) fundación, le debe mucho a la vieja maestra, y recurriendo a los sentimientos generosos de este pueblo vamos a relatar los hechos que siguen, esperando que el olvido y la ingratitud no han de ser el único premio para la memoria de quien ha prestado sus servicios enseñando a la niñez durante medio siglo”.

Los siguientes son tramos de esa interesante nota, donde se comienza por señalar que Manuela Butiérrez de Urdanvideluz había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 8 de enero de 1821, siendo hija de don José Butiérrez, peruano, que vino al país en 1810, a raíz de la revolución de Mayo, y de la porteña doña Petrona Reyes Ramírez.

Consignaba que “Doña Manuela” había tenido la suerte de aprender a leer y escribir en la muy renombrada escuela de las señoritas Guerra en Buenos Aires, y que en 1834 su padre acompañado de su familia había llegado a Dolores para radicarse, luego de una penosa travesía de cerca de un mes en carreta.

Sobre Dolores señalaba que había sido refundada el año 1826, que se componía de unos cuantos ranchos de paja y una que otra casa de ladrillos, siendo una aldea pobre y de aspecto casi insignificante. Que el comercio era reducido y la vida llena de dificultades, mientras que la campaña, casi desierta, se componía de grandes estancias, con muchísimas leguas de campo, llegando la jurisdicción del partido hasta los límites del Tandil.

Y que una mañana de 1844, estando sentada doña Manuela frente a una ventana, al mismo tiempo que hacía una labor le enseñaba a leer a una niña diciéndole que con su punterito señalara bien las letras. Que en ese momento había pasado por allí un comerciante de apellido Mendiburu, quien y se había quedado mirando un rato la manera de enseñar de la maestra.

Dice melgar que al parecer le había agradado el sistema, y que como tenía varios hijos se entusiasmó y se comunicó con otros que se hallaban en las mismas condiciones, manifestándoles el hallazgo y demostrándoles la conveniencia de verla y comprometerla para que enseñara a los niños fundando una escuela.

Al respecto consignó: “Manuela rehusó lo más que pudo la propuesta, rogando con lágrimas en los ojos que no la comprometieran para una obra que ella no se sentía capaz de realizar”, pero que ante la insistencia, los argumentos, y que su propia madre diera consentimiento, en enero de 1845 abrió su escuela con la asistencia de unos cuantos alumnos de ambos sexos. “La coeducación, que tanto ha sido discutida después, ya estaba puesta en práctica en Dolores en aquella época” resaltó el autor de la nota.

Sobre la enseñanza en esa escuela consignó que se reducía a leer, escribir y contar, y a trabajos de mano, como bordar, tejer y marcar. Que la escuela poco a poco se había ido acreditando y que al cabo de algún tiempo todas las principales familias les enviaban a sus hijos.

Que Doña Manuela estuvo en esa tarea hasta el año 1884, es decir, durante cuarenta años, conservando la educadora frescos hasta sus últimos días los recuerdos de la Revolución del Sud del año 1839, manifestando haber conocido personalmente a muchos de los que actuaron en aquella jornada, como los Ramos Mejía, los Ezeiza, Barragán, Rico, y otros patriotas más. “Ella vio durante años la cabeza de Castelli suspendida en una pica en nuestra plaza, y vio durante los setenta y cuatro años que residió en Dolores la evolución de esta ciudad, presenciando sus progresos uno por uno y siendo a la vez un factor importante de la sociedad, pues para toda obra noble y generosa ella siempre estuvo dispuesta no omitiendo sacrificio alguno cuando se le encomendaba cualquier tarea en beneficio de sus semejantes” resaltó Melgar.

Consignó también, que en sus últimos años había solicitado una jubilación del gobierno de la provincia, pero sin éxito, porque las escuelas de aquellos años no estaban oficializadas.

Por último don Ramón Melgar resaltaba en su nota, que todos esos datos que había consignado el diario «El Nacional», los había obtenido cuando aún vivía la maestra y de quien los había recibido de su propia persona. “Doña Mañuela conservó su lucidez hasta sus últimos momentos y hablaba de los primeros tiempos de Dolores, haciendo pintorescas descripciones con exactitud. Esta digna educacionista falleció el 12 de Agosto de 1908. Su nombre merece ser recordado (…), los maestros debieran tributarle sus recuerdos como un homenaje a la que fue el primer factor de cultura de esta localidad”, concluía.

Seguramente reiniciadas las actividades educacionales, ese homenaje permanente tendrá su manifestación.

P.G.S.

Diario de Dolores – Compromiso

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